Así me he sentido durante toda la Semana Santa.
Como ya comenté antes, intento investigar sobre mi manera de pensar, la forma en que mi cerebro funciona.
Pero no saco nada en limpio.
Estos últimos días han sido la prueba más exacta.
He pasado de querer reír a querer llorar en unos 30 segundos.
Y lo he hecho.
No es que yo haya cambiado, pero estoy distinta.
Esto es un rollo, no consigo mantener el equilibrio de la felicidad.
Lo odio. Estoy harta.
Hay veces que me apetece dejarlo todo e irme, lejos... o cerca, me da igual.
El caso es irme, por un tiempo, corto preferiblemente, ya que la soledad es lo más hiriente que he conocido jamás.
En algunos momentos, me gustaría estar callada tanto tiempo que yo misma olvidara cómo suena mi propia voz. Pero me es imposible.
Es extraño.
Esperemos que ahora, al empezar la rutina de nuevo, vuelva a la normalidad.
He de salir de esta, poner las ideas en orden en mi cabeza y seguir adelante.
No es justo que esté haciendo esto.
Xoxo,
Sabela.